viernes, 4 de julio de 2014

El centro logístico de Mercadona León esta 100% automatizado





Si no fuera porque los trabajadores vigilan concienzudamente su labor, cuando ustedes pisan uno de los almacenes del Centro Logístico de Mercadona en Villadangos (León) puede parecer que se internan en un mundo controlado por las máquinas, en un universo Matrix. 

Un mastodonte que mueve miles y miles de productos al día absolutamente automatizado, monitorizado, eficiente, óptimo. 

Sin embargo y por suerte, «las máquinas son tontas .. Hacen lo que los operarios les dicen. », aclara Julio Casado, director regional de relaciones externas de la compañía en Castilla y León.






Y, sin embargo, sus capacidades, su destreza, viene de un finísimo hilado de sus creadores, que configuraron un sistema que, en su conjunto, sólo posee Mercadona. Una tecnología «única en Europa», asegura Laura Veiga, coordinadora de Almacén en Villadangos.


Se observa a lo lejos un conjunto con más vida que muchos núcleos de población. Un edificio principal, dos grandes almacenes -uno de secos y otro para productos que precisan de refrigeración-, un centro de reciclaje, un horno de pan, largas pasarelas para cruzar de una nave a otra... parece no tener fin.

INNOVADORES accede al almacén de secos que, en cuanto a funcionamiento y tecnología, es igual que el de frío. Algo así como el cielo de los ordenados, se divide en cuatro fases: las entradas, la recepción, la preparación y la expedición.

La primera es la lógica y evidente: la llegada de los productos al centro a través de los muelles de descarga. Allí, los operarios comienzan a realizar las labores de recepción, donde entran los palés y a través de una mesa elevadora, alcanzan un punto clave o, más bien, fundamental, del proceso de almacenaje:la parametrización.

La carga pasa por un arco volumétrico. Allí, el sistema recoge todas las características de cada producto:dimensiones, peso, fragilidad, nombre, etc. En ese momento, se establece el orden para la posterior elaboración de esos palés 'multiproducto', los llamados de picking. Es decir, esa parametrización es el cerebro de todo lo que va a suceder después: coloca por orden los productos -siempre en función de la fragilidad para colocar los más fuertes debajo en ese tipo de palés- e imprime todo ese conocimiento a todas las cintas transportadoras, puesto que, a la hora de mover los productos para su posterior encaje en el palé, no tratan con la misma fuerza a una caja de detergentes que a una de infusiones, lógicamente -y sabe, por tanto, que la de detergentes irá en la parte de abajo y las infusiones en la mayor altura del palé-.

Esa parametrización se realiza antes de 'despaletizar' la carga. Una acción que se lleva a cabo sólo cuando los palés no van íntegros -tal como llegan- a una tienda.

Ese despaletizado consiste en descomponer los palés y colocar posteriormente cada producto en una bandeja. Este trabajo lo realizan siete máquinas especializadas que tratan 6.500 cajas a la hora.

Cuando la carga ya está dividida, pasa a una cinta transportadora, denominada 'mariposa', que coloca cada objeto en la posición precisa para que lleguen en la posición correcta a la bandeja -verde-. La fuerza de empuje o la postura vienen determinadas por esa parametrización anterior.

Y, acto y seguido, llega otro punto de inflexión en el proceso: lo que en el almacén llaman jocosamente 'la boda'. En ese momento se unen producto y bandeja en temporal matrimonio para almacenarse también momentáneamente en las enormes estanterías. «En todos los pasillos hay de todo, no hay uno sólo con leche, por ejemplo, porque si se te estropea un transelevador, puedes quedarte sin suministro de leche», aclara Julio Casado. Esos transelevadores son el paradigma de la precisión: se mueven a una velocidad de vértigo y, cuando frenan, recuperan la energía gastada. Son los que colocan las bandejas o las recogen para, en función de las órdenes, colocarlas en la cinta que va al picking. Las 265.000 bandejas que se mueven por el almacén están ubicadas «por prioridad de consumo», apunta Laura Veiga.

El siguiente paso es «la joya de la corona». Ese picking del que tanto se habla, donde van distintos productos en un mismo palé -separando siempre droguería de alimentación- y que deben encajarse «como un tetris», con la diferencia de que el tamaño no es lo único que importa, sino el peso y la fragilidad.

Las bandejas van numeradas en orden. De hecho si, por un casual, la tres sale antes que la dos, ésta automáticamente espera y cede el paso a quien corresponde. Tras colocarse en posición, se produce el 'divorcio'. Se rompen los votos logísticos y la bandeja va por un lado y el producto por otro.

En función siempre de esa parametrización, van incorporándose los objetos en el palé formando una unidad perfecta de hasta 2,5 metros de altura. Cuentan con 16 máquinas de 'tetris', esa «joya de la corona» de alta precisión y que parece pensar por su cuenta. «Parece fácil, pero cuando trabajas con miles de referencias, es bastante complejo», cuenta Casado



artículo base 

INNOVADORES NODOS  Los robots de Mercadona juegan al 'tetris  24 junio 
http://www.elmundo.es/economia/2014/06/24/53a937e6e2704e1d298b456e.html


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